domingo, 5 de septiembre de 2010

ENCUENTRO

Entre la alegría y la incertidumbre existe un antagonismo que mueve la esencia del caminante como cambia también el día y la noche buscamos el ecuador y sólo conseguimos un extremo o el otro. Realmente creemos que ese ecuador, por llamarle de alguna manera, es lo que nos motiva para buscar.

Ser amado. Buscamos ser amados, buscamos desesperadamente estar a la altura de las expectativas de los demás. Pero sabemos que no somos lo que tenemos, ni lo que hacemos, ni lo que piensan que somos. En esa superficialidad vivimos el camino. “Mírame. Fíjate bien en mí”. Si no recibimos respuesta de aceptación, creemos que no somos amados y el dolor nos destruye. Y otra vez volvemos al camino. Sé que ante esa inmerecida experiencia de sufrimiento por falta de amor nos perdemos en nuestro camino. Pero es que realmente yo he sido amada antes de pasar por el sufrimiento de no serlo. Antes de ser yo, ya era amada. Tenemos que reivindicar que esto es así, no tenemos que pedir permiso al mundo por existir, porque es por amor por lo que existimos. Mi yo es el amor, está en mí y lo doy no espero más, tengo todo Él en mi. Eso es divino en toda su extensión, si comprendemos y lo experimentamos, veremos como todo lo demás se disipa. Ya no tenemos necesidad de culparnos ni de culpar a nadie de nuestro dolor, porque el amor hace que comprendamos cuan destrozados quedan aquellos que así procedieron incluso nosotros, a nosotros mismos.



sábado, 4 de septiembre de 2010

INCERTIDUMBRE


Cuando uno echa a andar sabiendo a donde se dirige, resulta que existen momentos en los cuales casi se olvida de su destino. Se produce una ansiedad que anula nuestro sentido, siendo entonces una cuestión mecánica la única razón que nos mueve. Ocurre mucho más de lo que nosotros mismos somos capaces de darnos cuenta. Cuando esto sucede perdemos el equilibrio por lo cual perdemos la paz. El camino no es ya muy claro que digamos, empiezan a surgir las preguntas; la lucha de la dualidad existente en nosotros comienza su guerra, conciencia e inconciencia. Humanamente somos así. Y, ¿qué ocurre con mi camino? Comienza la frustración, el desequilibrio “la duda”…, no encontramos nada que podamos ver ni nadie a quien culpar de lo que nos hace sentir mal, o mejor dicho, no encontrarnos bien. Ocurre mucho. Vamos y venimos, pero nunca paramos ¿será miedo? El miedo es una emoción que lo mismo nos hace correr que nos paraliza. Mientras caminamos nuestra vida, esa emoción va acompañándonos constantemente. Si corremos no vemos; si nos paraliza tampoco, resultado “frustración”. Seguimos, seguimos y seguimos volviendo a seguir sin ver nada, sólo a veces en lo más profundo, y por un instante, nos preguntamos qué es lo que me mueve y no me deja en paz.