viernes, 16 de junio de 2017

TESTIGO

        Con motivo del jubileo de los catequistas y profesores de religión en diciembre de 2000, el cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe les dirigió una conferencia mostrando algunos aspectos muy interesantes sobre la nueva evangelización. Y esta conferencia sigue en vigor, dirigida a todos y cada uno de nosotros, que pretendemos ser testimonio entre nuestros hermanos.

Empezó explicando qué es y por qué es necesaria una nueva evangelización, desglosando en su charla unas líneas generales mostrando la estructura, el método y algunos contenidos que son esenciales en este proceso evangelizador actual. 

Evangelizar es mostrar el camino hacia la felicidad. Cristo se nos presenta en el Evangelio como “Camino, Verdad y Vida” (Juan 14). Camino a la alegría.

La Iglesia nunca ha abandonado esta tarea de evangelizar, sin embargo existe un proceso preocupante de descristianización y pérdida de valores. El mundo actual ofrece infinidad de estímulos que ayudan a este proceso. Desde la Iglesia debemos buscar nuevos caminos, usar los medios modernos para llevar la Nueva Noticia, el Evangelio a todos los confines. Pero debemos evitar la tentación de los grandes éxitos, los grandes números, la inmediatez. Y recordó la parábola del grano de mostaza (cf. Mc 4, 31-32). Debemos actuar como ese granito que cae en tierra y será Dios quien decida cuándo y cómo crecerá. Y ser conscientes que las grandes realidades tienen principios humildes.

El método que propone Ratzinger es sencillo y difícil a la vez. No es tanto aprender y utilizar técnicas novedosas a la hora de hablar. Evangelizar no es tanto una forma de hablar; es más bien una forma de vivir: vivir escuchando y ser portavoz del Padre. No debemos pensar en ser nosotros el centro de la evangelización, sino achicarnos para que quien resplandezca sea Dios. Renuncia del propio yo. Recordando además que Jesús no redimió al mundo con palabras, sino en la cruz. Teniendo como premisa que todos los métodos son ineficaces si no están fundados en la oración.

Nos da unos contenidos esenciales que deberán ser los ejes de la evangelización, la Conversión, el Reino de Dios, Jesucristo y la Vida eterna.

El contenido fundamental del Antiguo Testamento está resumido en el mensaje de san Juan Bautista: "Convertíos", y Jesús lo volverá a remarcar "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15).

Conversión es cambiar de mentalidad, cambiar a una vida nueva, al estilo de Dios. Y los primeros en vivir esa conversión debemos ser los evangelizadores, para poder anunciar esa conversión a los demás.

En esa conversión está implícito el anuncio del Dios vivo y presente entre nosotros. Esa presencia de Dios es el Reino de Dios anunciado repetidamente por Jesús en el Evangelio. Y hoy día como nos dice el teólogo Juan Bautista Metz hay una crisis de Dios, incluso entre los cristianos, vivimos como si Dios no existiera. Nos dice el cardenal: Anunciar a Dios es introducir en la relación con Dios: enseñar a orar. La oración es fe en acto. Por eso son tan importantes los grupos de oración en nuestras parroquias.

Oración que nos lleva a estar en contacto con Dios hecho hombre, con Jesucristo. Para seguirle, pero no a Jesús hombre en la historia, sino al que por puro amor se entregó en la cruz. Participando con Él de la cruz y del amor se transforma nuestra vida y podremos ser fermento entre los demás.

No podemos olvidar que el objetivo último de la evangelización es la vida eterna a la que todos estamos destinados. A Dios no le da igual todo. Nuestra vida será juzgada. Y aunque sabemos que Dios es Misericordia, también sabemos que es Justicia. El mal no tiene la última palabra. Dios no es nuestro enemigo, al contrario nos garantiza la redención al enviar a su Hijo a la cruz donde se hace posible la penitencia y la esperanza del pecador arrepentido (muestra de ello es el Buen Ladrón).
El núcleo de la evangelización es Dios. No podemos apartarnos de esta realidad el mensaje cristiano es muy sencillo: hablamos de Dios y del hombre.

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